lunes, 18 de abril de 2011

Por favor, cuando lo maten, no escondan el cadáver para que no desaparezca, como Narcisazo

-"¡Uf!, ¡Qué alivio!", pensé cuando Diego Tórres me explicó lo que le dijo en tono amenazante Jhon Mejía, hermano del teniente coronel César Ricardo Mejía, Director General de la Dirección de Embellecimiento. 

"Solo" tiene la intención de "romperle las dos rodillas". Casi nada. "Solo las dos rodillas".


-"Yo quería conocerte, si nosotros te hubieramos encontrado yo te rompo las dos rodillas", le dijo Jhon a Diego.

Cuando lo hizo, agarró al muchacho la rodilla derecha.

Seguro que no se la rompería con su poderosa mano, sino con la pavorosa pistola que siempre le acompaña.
-"¡Ay! pajarito, de la que tú te salvaste", le soltó Mejía mientras movía hacia atrás su cuerpo de atleta con los brazos cruzados en señal de poder.

-"Tú si fuiste dichoso", le repetía.

Jhon Mejía parecía que hasta le tenía "lastima" por no haberle roto las dos rodillas.
                 César Ricardo Mejía
Eso ocurrió durante aquellos meses en que Diego Tórres fue víctima de una paliza por desconocidos en la carretera Mella, justo cuando buscaba informaciones para reportar sobre ocupaciones de tierras propiedad del CEA por personas poderosas.
 
Jhon es en la Dirección General de Embellecimiento la mano derecha de su todopoderoso hermano, el teniente coronel César Ricardo Mejía, el mismo que ha amenazado con enviar detrás del director de Ciudad Oriental toda la fuerza del Departamento Nacional de Investigaciones.

Por lo menos a Diego, Jhon "solo" planeaba romperle esas dos rodillas que solo le sirven para mantenerse de pie, caminar, jugar con sus niñas y...ustedes saben, hacer esas cosas mundanas que hacemos todos los que tenemos las dos rodillas buenas.

Jhon le hizo la advertencia cuando Diego informaba de manera reiterada de que campesinos de La Batata, en Guerra, denunciaban que un coronel de la policía había llegado al lugar con muchos policías y tomado posesión de una gran cantidad de tierra del lugar.

-"Tú tenías que investigar bien, porque mil tareas son de mi hermano y las otras 700 tareas, como no tenían dueño, yo las compré", le "aconsejó en tono paternal" el fortachón.

Eran las mismas tierras de La Batata que los campesinos insisten que pertenecen a sus ancestros.
Es la familia Biline-Luna la que reclama la tierra que, según Jhon han comprado el Director General de Embellecimiento y él mismo.

Estos son dos hermanos que saben administrar sus fondos. ¡Vaya que saben hacerlo!

Además, saben evitar que algún corresponsal de campo se ponga a informar sobre esas menundencias.
Mucha gente no se imagina el riesgo que implica hacer periodismo local, donde se afectan intereses de personas, grupos y hasta delincuentes a los que hay que ver a diario, cara a cara.

El  riesgo es demasiado elevado.

En cada noticia, nos va la vida, no solo las rodilla.

Esa es la gran diferencia entre un periodismo local responsable y un periodismo corporativo que ni siente ni padece.

Jhon, hijo mío, tú y tu hermano son poderosísimos, tienen armas de fuego, hombres bajo su mando y quizás muchos millones.

¿Ustedes han pensado bien lo que están haciendo?

¿Serán ustedes, en persona, los que colocarán los cadáveres del personal de Ciudad Oriental a los pies del presidente Leonel Fernández?

¿Conocen ustedes el costo político que tendría que cualquiera de nosotros sea asesinado por ustedes o algunos sicarios eventualmente enviados por ustedes?

¿Permitirá el presidente Fernández que estos hombres hagan correr la sangre del personal de Ciudad Oriental?

¿Qué cosa tan importantes ocultan que se atreven a hacer amenazas tan desaforadas?

¿Quién en el Palacio Nacional es que los protege que le permite tantos atropellos sin ni siquiera molestarse en investigar lo que ocurre en la Dirección de Embellecimiento y en La Batata, de Guerra?
¿Cuándo iniciarán las investigaciones?

Diego sigue en su motorcito Honda 50 y yo, como siempre, caminando aquí y allá.
Hagan lo que ustedes saben hacer.

Pero, por favor, cuando lo hagan traten de que no sea doloroso y terminen rápido esa vuelta.
¡Ah! Por favor, dejen nuestros cadáveres en un lugar donde nuestros familiares los puedan encontrar para que nos sepulten.

Así evitan que se pasen toda la vida restante buscando nuestros huesos, como ocurrió con Narcisazo.
¿Es posible complacernos?

Diego y yo se los imploramos.

Hay funcionarios que, definitivamente, no entienden que los tiempos cambiaron. Tampoco quieren entender el trabajo de la prensa independiente.

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